La nave perfecta

En episodios anteriores, La comandante Maya Fey tiene una conversación muy interesante con uno de los piratas más temidos y buscados décadas atrás en varios sistemas.

No quise discutir con ella, no tenía la energía para hacerlo.

Me hizo ponerme mi traje de vuelo y mis botas magnéticas. “No puedes caminar por una nave sin botas, magnéticas, Maya”, algo así, dijo.

Me señaló el asiento de comandante. En cuanto me senté me pasó las coordenadas de un sistema y el nombre de una estación que no conocía. Miré el cielo y por un momento pensé en teclear las coordenadas de cualquier sistema en los bordes de la galaxia e ir hacia allí… y luego seguir adelante.

Mi madre carraspeó y recordé que ya no estaba yo sola en la nave.

Al posar las manos sobre los mandos mi corazón saltó y tuve que respirar varias veces para calmarme.

– Maya – mi madre casi susurró –, no vas a necesitarme, pero estoy aquí.

Asentí.

Solicité permiso de despegue, los anclajes nos liberaron y Medianoche se alzó hacia el cielo nocturno.

Ajusté la potencia de los impulsores, regulé la energía, comprobé la temperatura (tenía tendencia a calentarse en vuelo planetario), introduje las coordenadas que me dio Lucifer, mi madre, y activé el motor de salto.

Cuatro, tres, dos, uno…

El witchspace nos abrió un pasillo y Medianoche se lanzó por él hacia nuestro destino.

Estación ******** (Clasificado)
Sistema ******* (Clasificado)

Se trataba de una Coriolis.
Realicé la solicitud de atraque manualmente, no quería hablar con nadie todavía. Mi madre parecía entender mi estado de ánimo, porque no dijo una palabra en todo el viaje, y me permitió centrarme en los procedimientos sin interferir en ellos.

Regulé la velocidad, extendí el tren de aterrizaje, invertí impulsores con tiempo suficiente para contrarrestar la inercia, descendí hacia la plataforma de aterrizaje y los anclajes magnéticos hicieron contacto.

Mi madre se levantó del asiento del copiloto de inmediato y me miró apremiándome. Me puse en pie, comprobé que los impulsores y el sistema de energía estuviesen desactivados y la seguí.

Caminamos por los pasillos de la estación durante varios minutos, estábamos recorriendo los accesos de los hangares. Victoria, Lucifer… mi madre se detuvo ante uno concreto, el que daba acceso al anclaje 27. La vi observar el número durante unos segundos y luego se volvió hacia mí.

– Maya – me dijo con firmeza –, esta es tu misión: …

(Y he de admitir que logró despertar mi curiosidad con su pausa dramática)

– ¡Vas a encontrar un nuevo hogar para todos nosotros!

Pestañeé varias veces tratando de asumirlo.

– No sé si soy la más indicada para esto… Ahora mismo no creo que…

No me permitió acabar la frase.

– Eres la más indicada para esta misión y el tiempo apremia. Tu padre se está empezando a deprimir sin sus geranios. Necesita un nuevo lugar para sembrar y llenar de plantas.

No pude evitar soltar una triste carcajada.

– Es verdad, les tenía mucho cariño – Mi risa murió y bajé la mirada, ¿qué habría sido de su colección de flores? ¿Quién las cuidaría ahora?–. Ojalá hubiese podido pelear mejor, por vosotros… Ojalá hubiese estado a la altura.

Lucifer, mi madre… puso una mano en mi hombro y la intensidad de su mirada me golpeó como una piedra.

– Prefiero perder todo un sistema a perderte a ti. Y ahora, ve y haz lo que mejor sabes hacer: vuela y vuelve para contarnos lo que has encontrado.

Asentí.

Ella dio un paso atrás, dejándome sola ante la aventura, la misión, y señaló el acceso al hangar con la barbilla.

– Al otro lado de esa puerta está la nave que necesitas. Lleva mucho tiempo esperándote. Ve.

Miré la puerta con el ostentoso número 27 en ella. Me volví hacia Lucifer y la abracé, pero mi voz dijo: “Te quiero, mamá”.

………………………………………………………….

El elevador de acceso descendió lentamente. En ese breve recorrido comprobé el estado de mi traje remlock, el funcionamiento de mis botas magnéticas y retiré imaginarias motas de polvo de mi traje. Estaba levemente sudorosa. Casi tenía la sensación de acudir a una cita a ciegas y no estar vestida para la ocasión.

¿Qué nave había preparado mi madre, la terrible Lucifer, para mi misión? Por un momento recordé su antigua Vulture y recé por que no fuese ella, su capacidad de salto era paupérrima. El elevador se detuvo suavemente. Comprobé que la insignia de Élite de Exploración seguía en mi hombro y respiré hondo. “Eres Élite de exploración, Maya, estarás a la altura”.

Las puertas se abrieron y, allí, esperándome, estaba la nave escogida por mi madre para mi misión. Tenía razón, era perfecta.

Los golpes de mis botas magnéticas resonaron en el hangar mientras avanzaba hacia la solitaria nave. Había una leve cubierta de polvo sobre sus impulsores. ¿Cuánto tiempo llevaba allí, esperándome? Alargué la mano hacia ella y ese momento pareció ralentizarse en una eternidad, pero cuando su carrocería, de un intenso color violeta, tocó mis dedos, fue como despertar de un sueño o una pesadilla. Reí, cada vez con más fuerza y luego las lágrimas empezaron a resbalar de mis ojos.

– ¡Te he echado tanto de menos, Magpie!

No me importó que algún operario pudiese vernos. Abracé su tren de aterrizaje y os juro que me pareció que Magpie me devolvía el abrazo.

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