Un cielo para Medianoche

Desperté sentada en el suelo, alguien se sentaba detrás mío y me abrazaba. Vi unos brazos dentro de un traje de vuelo granate plegados delicadamente alrededor de mí. Noté que la respiración volvía a entrecortárseme y la voz de mi madre dijo: “Respira, mi amor. Despacio… al mismo tiempo que lo hago yo”. Y la obedecí. Estábamos sentadas en el puente de mando de Medianoche, ante nosotras el cielo se extendía. Respiramos juntas unos minutos contemplando el cielo nocturno en la oscuridad de la cabina.

Sentí la mano de mi madre, enguantada en el traje de vuelo, acariciar mi cabello.

– ¿Quién eres? – pregunté.

La noté dudar.

– Soy… he sido varias cosas, Maya. Antes de conocerte… y también después, cuando hacía falta. Pero ahora mismo, soy, ante todo, tu madre y por eso estoy aquí. No voy a permitir que esta guerra se te lleve a ti también.

– ¿Que se me lleve? – negué ofendida creyendo que volvía a criticar mi capacidad para volar –. He sobrevivido, he derribado otras naves y he huído una vez más en el momento adecuado… Puedo sobrevivir y…

El sonido de una nave tratando de huir se coló en mi recuerdo de pronto. La respiración volvió a entrecortárseme y mi madre debió notarlo porque me abrazó con un poco más de firmeza e interrumpió mis pensamientos, hablando con voz suave.

– Sobrevivir no es suficiente, Maya. Fue algo que tuve que aprender a las malas.

– ¿Aprender? ¿Cuántas naves has destruido? ¿A cuánta gente has matado?

– No lo sé – dijo – . Muchas, demasiadas. Dejé todo aquello atrás.

– Pero… ¿Quién eres? Quiero saber… necesito…

Mi madre suspiró antes de seguir con la explicación.

– Fui Lucifer muchos años, antes de conocer a tu padre. Yo era el peor demonio de mi escuadrón de indeseables.

– ¿Demonio?

– Hice cosas horribles, Maya, y ni siquiera ahora puedo arrepentirme.

– ¿Por qué…?

No llegué a acabar la pregunta, pero ella la entendió.

– El vacío, el desarraigo es muy duro. Si no tienes un lugar al que volver el vacío se te lleva, de una manera o de otra. Yo debería haber muerto hace décadas, junto a tantos otros… Lo intenté, de hecho. Pero era demasiado buena volando. Entonces conocí a tu padre y él me dio un lugar al que volver.

– ¿Qué lugar era ese?

– Cualquier lugar donde estuviese él.

No sé por qué la imagen de mi padre congeniando con el peor demonio del infierno me parecía acorde con él. Sí, eso sería típico de él. Lograría caerle bien tras unas pocas frases y luego lo invitaría a croquetas caseras…

En ese momento, yo tenía la sensación de estar hablando con dos personas a la vez. Una de ellas tenía la voz de mi madre con una dulzura como no la había sentido en muchos años, desde que era una niña. Los recuerdos de como me abrazó, jugó conmigo y rió conmigo volvieron en una riada. Pero los brazos que me sujetaban en ese momento eran los de alguien entrenado dentro de un traje de vuelo con marcas de combate sobre él.

– ¿Por qué quieres volver a ser Lucifer?

Ella negó detrás de mí.

– He estado combatiendo por nuestro sistema, disfrazada de indeseable, destruyendo naves rivales…

Entonces lo entendí.

– Eras tú. Cuando empezaron a llegar reportes de naves derribadas por piratas… eras tú. Pensé que era muy curioso que siempre atacasen naves de nuestros enemigos.

Asintió.

– Pero no es el motivo por el que me he puesto mi traje de vuelo hoy. Esta noche vamos a salir a volar.

Negué inmediatamente.

– No. ¡No quiero volver a volar nunca!

Sé que lo que decía era una estupidez… pero lo estaba creyendo con toda mi alma en ese momento: jamás volvería a ponerme a los mandos de una nave por voluntad propia.

– Maya – esta vez la voz de mi madre sonó autoritaria –, vas a recordar ahora mismo quién eres.

Mi madre se puso en pie, tomó mis manos y me obligó a levantarme. Su mirada era dura, de esas que no admiten réplica.

– Vas a pilotar a esta maravillosa nave de rescates hoy. Vamos a ir a una estación en concreto y allí te voy a dar una misión.

Su tono no admitía discusión y no me vi con ánimos de llevar la contraria a uno de los piratas más temidos durante años en varios sistemas.

– ¿Qué vas hacer tú mientras tanto?

No quería oírla decir que iba a derribar más naves del cielo pero casi lo esperaba, así que me sorprendió cuando dijo:

– Volveré a ser Victoria Dawnstar y volveré con tu padre mientras espero el resultado de tu misión.

La mano enguantada de mi madre acarició mi rostro.

– Eres muy diferente a mí, Maya. Yo volaba porque volar era un arma, porque en el cielo yo decidía quién vivía y quién moría, porque me daba poder… Pero tú – hizo un alto y sonrió, toda luz por un momento – tú no lo haces para conseguir nada. Tú solo quieres volar. Y es hora de que lo recuerdes…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s