El fantasma encarnado

Había una silueta en la puerta de acceso. Me incorporé dudando de si aquello que veía era real o no.
La figura llevaba un traje de vuelo granate y un casco Remlock opaco que ocultaba por completo sus facciones. No podía ver su rostro pero sobre su pecho estaba el símbolo anarquista de los piratas y un callname grabado con letras de fuego: Lucifer.

– ¿Qué…? – no supe acabar la pregunta. ¿Esa visión era real o no? Lucifer dio un paso y entró en el puente de mando… y sentí, más que oí, el golpe de su pisada sobre las planchas metálicas del suelo. Llevaba botas magnéticas. Fue cuando fui consciente de que aquello no era un sueño ni una visión. Me puse de pie de un salto, con el corazón latiendo loco. Lucifer portaba un arma atada la pierna de su traje de vuelo. Era uno de esos trajes con anclajes para armas… típico de piratas y asesinos.

– Vete … – dije – Sal de mi nave… Sal de mi nave… SAL DE MI NAVE…

Estaba gritándole fuera de mí. Agarré algo para arrojárselo: una estúpida manta… que cayó inofensivamente a sus pies. Yo debería haber huido… Pero en lugar de eso volví a gritarle.

– SAL DE AQUÍ…

Y acto seguido cargué con la intención de empujarle fuera del puente de mando. Fue casi lo más estúpido que he hecho en mi vida.

Golpeé su pecho y ella no se movió ni una pulgada. Fue cuando fui consciente de que era una mujer, más alta que yo, más musculosa… y estaba entrenada en combate.

Me desequilibró con un simple gesto y me derribó de espaldas contra el suelo. La escasa gravedad hizo que el golpe no fuese tan violento, pero a pesar de eso, me sacó el aire de los pulmones. Las botas magnéticas de Lucifer la anclaron al suelo permitiéndole retenerme con su rodilla en mi pecho. Estaba acostumbrada a pelear en baja gravedad. Entonces hice algo todavía más estúpido: traté de alcanzar su arma.

Logré aferrarla, pero no tenía ni idea de como manejar una de esas. Lucifer agarró mi muñeca, la retorció contra el suelo y yo solté su pistola… y me puse a llorar a lágrima viva de rabia, de impotencia, de frustración, de vergüenza…

Lucifer lanzó la pistola lejos de nosotras. Se llevó la mano al controlador de su casco y lo replegó. Y debajo aparecieron los brillantes cabellos negros y los ojos ambarinos de mi madre.

– ¿Mamá?

Asintió. Y había preocupación en su mirada, pero en ese momento, algo se rompió dentro de mí y me faltó el aire.

– No puedo respirar – dije entrecortadamente y creo que perdí el conocimiento.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s