La reina sin reino

Unas horas más tarde pude levantarme de la camilla. Tenía una cicatriz en el rostro que requeriría nanocirujía, pero de momento me era indiferente. Algo seguía frío y apagado dentro de mí desde aquella batalla. No sentía ni miedo, ni pesar… Simplemente no sentía. En la sala común de Medianoche, disfruté de un café que me supo lejano e irreal sentada junto a mi hermana. La suave vibración de los motores de Medianoche en el aire… envolviéndonos. Me sentía muy cansada. Habían sido semanas de operaciones encubiertas y varios días de combates. Estaba cansada… drenada de todo.

Volábamos hacia un sistema concreto. Aybkamen nos había proporcionado las coordenadas de una base de tierra en la que podríamos mantener un perfil bajo. Tenía aliados allí.

– ¿Mi escuadrón? – pregunté.

– Lograron huir.

– ¿Papá y mamá?

– Salieron de la estación antes de la batalla a bordo de Banshee. Yo misma les concedí el permiso.

Asentí. Una vez más, mi hermana los había engañado a todos. Cuando los invasores llegaron y tomaron el poder, ella abrazó sus horrible uniformes y les ofreció los servicios de su empresa de transporte de VIPs. Eso le había proporcionado contactos con las altas esferas y acceso a los códigos de despegue y aterrizaje hasta el final. Rianon había heredado el encanto natural de mi padre para hacer aliados hasta en el infierno, y la agresividad de mi madre para abrirse paso a cualquier precio.

– ¿A quién más llevamos con nosotros?

– A James y su familia. Su esposa se ocupó de ti, es paramédico. También llevamos con nosotros a Layla, una amiga. El partido confiscó su nave y se ofreció voluntaria para pilotar cuando le mencioné mis planes reales –Rianon rió suavemente – . Nunca había pilotado una Gutamaya. Dice que pasar de Haulers y Tipo Seis a una Imperial Clipper era un sueño que jamás creyó que cumpliría.

Me forcé a sonreír un poco.

– Me alegro por ella.

Rianon asintió.

– Medianoche es una grandísima nave. La preparaste muy bien.

Acepté el cumplido silenciosamente.

– ¿Cómo llegué aquí?

Rianon bajó la mirada por un momento como buscando las palabras.

– Neon Weaver nos contactó cuando estábamos despegando y nos comunicó emergencia médica – aquí se le quebró la voz – . Había recuperado tu cápsula de escape en mitad del combate y…

Una vez más, Rianon respiró hondo, hizo una floritura con la voz y sonrió expulsando así el llanto.

– Pero estás bien, todo lo demás no importa.

Pero sí que había más cosas que importaban. Rianon había perdido su reino en apenas unas horas. Ella había trabajado durante años para tener contactos entre las más altas esferas de las facciones federales del sistema sin realmente ser afín a ninguna de sus causas. Era una de las personas hacia quien todos se volvían, una referencia. Rianon, la empresaria, con su negocio de transporte de VIPs, sin haber estado nunca metida en política, había estado ahí viéndolos a todos y empujándolos sutilmente hacia sus intereses. En unas horas, había tirado su careta y había perdido su hogar, su negocio, su prestigio y todos sus aliados… Y lo había hecho por salvarnos.

Y a pesar de estar yo observando todo aquello desde un punto muy lejano donde los sentimientos no llegaban, abracé a mi hermana y le murmuré un “gracias”. Era lo correcto.

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