Recuerdos de la infancia 2

RECUERDOS DE LA INFANCIA 2

 Cuando entré en la cabina, toda tu cara estaba llena de sangre, tenías los ojos cerrados y papá te tenía en brazos. Me eché a llorar… Por el amor del cielo, creí – la voz de Rianon tropezó con sus propios sentimientos, pero ella recuperó la compostura con un leve carraspeo que sonó a floritura – … Creí que habías muerto. Pero me oíste y abriste los ojos y entonces lloré todavía más porque estabas viva.

 Lo siento mucho, Rianon. Espera… ¿sangre?

– Te golpeaste la cabeza contra el dintel de la puerta, me dijo papá.

Maya se llevó la mano al lateral izquierdo de la cabeza. Había una leve línea en la piel, bajo el cabello. Rianon dio otro trago a su bebida (zumo de mango) y sonrió levemente hacia su hermana.

 Tienes mejor memoria de lo que creía, hermanita. Todavía no habías cumplido cuatro años.

Maya asintió y jugueteó con el vaso de su propia bebida.

– He creído todo este tiempo que era un sueño, o creación de mi mente.

– No, no lo fue…

– ¿Qué estaba pasando? ¿Huimos? ¿De qué?

– Hay cosas que es mejor que queden en el olvido, Maya.

– De acuerdo. No me cuentes sobre cosas que quedaron en el olvido voluntariamente, solo cuéntame qué imaginaste tú – dijo poniendo énfasis en “imaginaste”.

Rianon frunció levemente el ceño.

– Muy bien. Te voy a contar lo repelente y asquerosa que era mi hermana pequeña. Papá nos cinchó en la cabina de pasajeros a las dos y nos ordenó quedarnos ahí quietas. Me dijo que yo era la mayor y que cuidase de mi hermana pequeña. ¿Y sabes lo que hizo ella? ¿Eh?

Rianon miró a Maya con si quisiese arrancarle la cabeza. A pesar de su delicado maquillaje y finas maneras, Rianon había heredado la musculatura de su padre, unos huesos anchos y la suficiente personalidad como para cobrarse una afrenta muchos años después, así que Maya tragó saliva.

– No lo sé. ¿Qué hizo?

 Esa pequeña sabandija se retorció en los arneses como una anguila, hasta que logró deslizarse fuera de ellos. Le grité que se estuviese quieta. No me hizo caso. Grité para que viniese nuestro padre, pero no me oyeron o no pudieron venir.

Rianon carraspeó levemente y recobró su perfecto aplomo. Siguió hablando mirando hacia algún punto lejano en el vacío.

 Saliste por la puerta y yo había dicho… Había dicho a papá que te cuidaría. Sabía que no estar cinchada cuando una nave despega te puede matar. Intenté soltarme para ir tras de ti. Pero la nave empezó a moverse tanto que ya no pude hacer nada.

Maya pasó un brazo sobre los hombros de su hermana y se apretó contra ella.

– Lo siento mucho Rianon. Te prometo que no volveré a hacerlo.

Rianon se lanzó a reír en carcajadas enérgicas y luminosas.

– Ya que me quieres tanto, invítame a otro de estos. Me encantan.

Maya tecleó la comanda en el panel y añadió un plato de croquetas.

 Solo hay un nombre que recuerdo de todo aquello… ¿Quién era Lucifer?

Hubo un largo silencio tras esa pregunta. Finalmente Rianon dijo:

– Ese es el único nombre que no deberíamos recordar ninguno. Lucifer murió en esa batalla, es lo único que necesitas saber.

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