Sidewinder destruction derby

En una estación coriolis, de cuyo nombre no quiero acordarme, los tres detenidos se sientan en el despacho del sargento Jofroncio (*nombre ficticio), máximo responsable de la seguridad del lugar. El tipo los observa con un gesto de incredulidad total.

Dos de ellos tienen restos de carbonilla en el traje por la explosión de sus naves. Las marcas negras son muy obvias en el traje blanco y dorado del hippie greñudo. Su compañero, con las gafas torcidas, lo observa con gesto de desolación. Gafas… ¿Gafas? ¿Pero qué tipo de descerebrado lleva gafas en lugar de implantes hoy en día? El tercero observa con gesto interesado la decoración. Ha tenido la desfachatez de aterrizar en el hangar con un bounty sobre su cabeza y un Sidewinder que apenas se sostenía de una pieza.

– A ver… explicádmelo otra vez.

Mientras tanto, en otro lugar del sistema, la comandante Maya fey, a los mandos de un renqueante, apalizado y sostenido por puro milagro Sidewinder, selecciona un sistema y carga motor de salto con lentitud agónica.

– Venga, que será divertido… No nos destruimos, solo para practicar combate… ñeñeñeñeñe… La madre que los trajo!!

…………………………………………………………..

Unos minutos antes.

El escuadrón infinity se ha reunido para una de sus actividades favoritas: hacer el gamba. En esta ocasión la gamba se ha encarnado en la forma de un duelo entre caballeros a bordo de Sidewinders. Los reportes de infracciones han sido desactivados en cada una de las naves y la policía del sistema ha acudido a intervenir y, para su frustración, se han convertido en espectadores. Mientras no haya un reporte de infracción de ninguna de las naves no pueden intervenir.

 jejeje, tenemos espectadores – comenta Volgrand.
– Que les den. Esta vez jugamos nosotros – dice Ambit.

Maya Fey observa a los dos en un baile cerrado de láseres, quiebros y gestión de energía.

– Uooo… Qué bien lo hacen.

Señal de escuadrón. Lecitrón, a los mandos de un Sidewinder, aparece en el lugar.

– Saludos comandante.
– Saludos.
– Saludos.
– Hola, chicos. Vengo a pelear también.

– Perfecto… Bienvenido a la fiesta.

Maya fey sonríe y se gira hacia Lecitrón, lo encara con sus cañones y le dedica dos disparos de láseres para invitarlo a la pelea. Volgrand y Ambit han tenido la misma idea…

Y las comunicaciones saltan en su panel…

“Agresión ilegal, preparando intervención”… y todas las naves de la policía que los rodean gritan un “yujuuuuuuuuuuuu” mental mientras despliegan anclajes.

– Pero qué coj… – semiblasfema Maya.
 Lecitron, dime que habías apagado el reporte de crímenes – grita Ambit.
– Ups… No.


De vuelta al presente, en una sala de detención.

–Tengo reportes de que algunos de ustedes abrieron fuego sobre naves del equipo de seguridad.
–¿Qué? –interviene el Hippy greñudo y hortera, el comandante M. Volgrand–. ¡No hay pruebas de ello!

El sargento Jofroncio (*nombre ficticio) alza una ceja y levanta su comunicador, pulsa un par de teclas y una proyección holográfica aparece. Desde la cabina de una Viper oficial, se ve claramente a una Sidewinder disparar dos cañones de raíl contra un caza tipo Condor, que explota inmediatamente.

–¡Bueno, pero no tienes pruebas de que fuéramos nosotros!

Desde la grabación suena la voz de Volgrand por el sistema de comunicaciones: “¡BWAHAHAHA! ¡¿Creías que podías conmigo?! Hostia, cuánto rojo…”
El sargento apagó el proyector.

–Además tenemos a más de veinte pilotos de las fuerzas de seguridad como testigos.
–¡Normal! ¡Si vinieran de uno en uno no habrían podido conmigo!
–Volgrand, calladito estás más guapo –murmura Ambit.

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