Rescate extremo

¿Qué había pasado exactamente? El ocupante de la cápsula de escape, logró enfocar el pequeño ventanuco ante su rostro. Los restos de una Gutamaya giraban perezosamente un poco más lejos y, detrás, las estrellas brillaban difuminadas por una extraña niebla verde. La niebla corrosiva que había destruido las naves… Lo recordaba.

Se llevó la mano a la cabeza y tocó la contusión y la humedad. ¿Sangre? ¿Cómo había llegado hasta aquella cápsula de escape? Y entones oyó el silbido… Había una fuga. Pero antes de que pudiese ocuparse de ese problema, algo flotó grácilmente frente a la Gutamaya y se volvió hacia él. Parecía una flor ósea de tamaño descomunal. Llenaba toda su perspectiva, y el cielo quedó eclipsado tras ello. La cosa estaba viva y había fijado su atención en él. El humano quiso blasfemar algún improperio, pero sus cuerdas vocales no le obedecieron.

La criatura desplegó un haz de tentáculos luminosos en su dirección. Un chirrido grave retumbó contra su cápsula de escape. El humano no pudo evitar agitarse, intentando correr dentro de su prisión. Su codo golpeó los controles y activó sin pretenderlo el canal abierto de comunicaciones.

“¡¡¡Vamos, vamos, vamos!!! Tú puedes!!!”, dijo una voz por el altavoz.

Oír otra voz en la cabina debería haberlo sorprendido, pero el terror había barrido cualquier otro sentimiento. El enorme alien lamió con los tentáculos luminosos su cabina y su luz verde lo llenó todo mientras la voz del altavoz se gritaba órdenes a sí misma.

“¡¡¡Vamos, Maya!!! ¡¡Corre!! ¡¡Corre!! ¡¡Frena!! ¡¡Lanzando dron!! ¡¡Abre escotilla!!”

Al otro lado del ventanuco, un pequeño dron recolector apareció atravesando valerosamente aquel haz de tentáculos y enfiló directamente hacia él. Tras él, una DB Scout se posicionó entre la cosa y él. Una sacudida en la cápsula de escape le hizo notar que el pequeño dron había llegado hasta él y lo estaba remolcando.

“¡¡Vamos, pequeño, vamos!! ¡¡Tráemelo!!”

La oscuridad se hizo, y el sonido de anclaje le indicó que ahora estaba dentro de la bodega de la Diamond Back.

“¡Cierra escotilla! ¡Motores!”

Una violenta sacudida y el rescatado se vio luchando contra la nausea y el desmayo. La pequeña nave estaba dando motores como si no hubiese mañana.

“¡Nos está persiguiendo! Corre, corre, corre…”

Varias alarmas de ataque resonaron.

“Casco al 70%”, cantó la voz de la IA.

Fue el límite que pudieron soportar sus nervios… El rescatado perdió el conocimiento mientras la nave saltaba a supercrucero.

(En la imagen vemos a Magpie ejecutando una danza diplomática frente a un targoide. Sí, funciona. Nos dejan pasar y recoger si lo hacemos bien. No fue el caso del relato.)

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