¡¡ Thargoides !!

27 de Septiembre, año 3303
En algún lugar próximo al sistema HR 1185.

El espacio se pliega ante el motor de distorsión, abriendo el túnel para el salto al sistema HR 1185
Mistral salta a través del pasaje, como ha hecho cientos de veces. Las estrellas se estiran en un caleidoscopio que le abren un paso hacia su destino: es el witchspace. El espacio entre sistemas que, por mucho que trate de entenderlo, Maya no puede concebir, pero también el espacio donde más tranquila y a salvo se siente, en ese túnel de luces, entre sus vientos y sus sendas.
Una vibración grave sacude la nave, un sonido retumbante que no procede de la misma y, de pronto, el Witchspace se rompe en un sinsentido y la trayectoria se quiebra violentamente.
La comandante Maya Fey no se pregunta qué ocurre, ha oído hablar de ello demasiadas veces: una hiperdicción. Los targoides la han sacado del Witchspace cuando estaba en mitad de un salto entre sistemas. Hasta ese momento dudaba que algo así pudiese existir.

– Oh… ¡Cielos!

Con una explosión, los colores exteriores se estabilizan en las estrellas de un sistema desconocido. Maya no pierde tiempo, desactiva el Fly Assist y activa los postquemadores, lanzándose hacia ese cielo ante ella. Pero Mistral no es Magpie.

– ¡Supercrucero! – grita Maya a la IA de la nave.

Si logra saltar a supercrucero antes de que se acerquen… Y mientras el motor de salto carga con agónica lentitud, Maya lanza la segunda orden a su IA.

– Shirka, ¡cámara externa!

La cámara trasera es desplegada mostrando en pantalla la imagen de lo que la ha arrancado brutalmente de su trayectoria, y Maya los ve al fin: son tres, acercándose directamente hacia ella. Unas enormes naves con forma de flor ósea… Y Mistral, su fiel nave de viaje, no está optimizada para la huida ni para saltar rápido.
Un haz de rayos verdosos se extiende desde aquellas cosas hacia Mistral y su piloto. Un nuevo retumbar sacude la pequeña nave y todo, absolutamente todo, se apaga. La oscuridad completa se hace dentro de la cabina. Mistral está tan muerto como una piedra. Y Maya nota la presencia de las tres enormes criaturas tras ella.

– Oh, cielos. Oh, cielos…

Todo lo que ha oído de los encuentros con los targoides es que no se sabe si te van a atacar o no… De todas maneras, no va a tener la opción ni de defenderse, ni de huir, ni de rendirse. Así que Maya se acomoda en el sillón de piloto y le dedica unas palmaditas de consuelo a Mistral…

– Lo siento mucho. Sinceramente, espero que me maten también. No quiero convertirme en esclavo targoide o algo peor.

Y mientras su mano pasa por encima del tablero de mando un parpadeo lo recorre… La energía está volviendo… Los radares titilan, los sistemas se encienden tratando de estabilizarse, los datos del radar son un compendio de sinsentidos… pero los postquemadores reaccionan cuando Maya los activa. Mistral se lanza hacia adelante. Maya vuelve a activar el motor de salto manualmente, no quiere arriesgarse a despertar la IA todavía. La cámara posterior se activa también de nuevo y Maya los ve, siguiéndola sin perder distancia, pero sin acercarse.

– ¿Vais a atacarme o no? ¿Qué queréis?

Y la voz de la IA por fin vuelve, cantando la cuenta atrás para activar el motor de salto.
Four, three, two, one… Engaged!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s